viernes, 8 de febrero de 2013

Las Cruzadas

En el año 1095 el Papa Urbano II convocó la I Cruzada. Desde ese momento y hasta 1272, fecha de la última  se sucedieron en el mundo cristiano ocho Cruzadas. Su objetivo fue la recuperación de los Santos Lugares, en manos de los infieles. La I Cruzada se organizó ante la petición de ayuda de los bizantinos, atacados por los turcos selyúcidas. La expansión demográfica y económica de Occidente, y la exaltación del "espíritu de cruzada", fomentado por los papas y los caballeros,, colaboraron al éxito de las sucesivas convocatorias. Las Cruzadas comenzaron siendo movimientos populares de toda la Cristiandad, pero pronto se convirtieron en instrumento de prestigio al servicio de los intereses particulares de los reyes. A pesar del fracaso de su principal objetivo, la recuperación de los Santos Lugares, las Cruzadas tuvieron una gran importancia en la historia de Occidente: favorecieron los contactos entre Oriente y Occidente, abrieron nuevas rutas comerciales, permitieron la difusión por Occidente de nuevas técnicas, ideas y experiencias. Sus resultados negativos también fueron notables: muertes, separación definitiva entre la Iglesia romana y la iglesia ortodoxa, recrudecimiento del antisemitismo, aumento del poder papal y de la práctica abusiva de las indulgencias, entre otros.

Mapa de las Cruzadas.

1ª Cruzada (1095-1099). Participaron Godofredo de Bouillon, Pedro el Ermitaño y varios caballeros feudales. En 1099 tomaron Jerusalén y Godofredo de Bouillon se convirtió en rey de Jerusalén.

2ª Cruzada (1147-1149). Participaron Luis VII de Francia y Conrado III de Alemania. El sultán Saladino reconquistó Jerusalén (1187).

3ª Cruzada (1188-1192). Participaron Federico I Barbarroja de Alemania, Felipe II Augusto de Francia y Ricardo Corazón de León de Inglaterra. Federico Barbarroja murió ahogado en el río Selef (1190). Ricardo Corazón de León pactó con Saladino la entrada de peregrinos en Jerusalén.

4ª Cruzada (1202-1204). Participaron Teobaldo de Champaña, Bonifacio de Monferrat y Balduino de Flandes. Venecia jugó un importante papel, al aprovechar la Cruzada para defender sus intereses comerciales en Bizancio. Se fundó el Imperio Latino de Constantinopla (1204-1261).

Cruzada Infantil (1212). Miles de jóvenes franceses y alemanes se concentraron en Marsella para una expedición a Tierra Santa. Los que lograron sobrevivir fueron vendidos como esclavos.

Representación de una batalla en Las Cruzadas.

5ª Cruzada (1217-1221). Fue dirigida por el rey de Hungría Andrés II y por Leopoldo VII de Austria. No lograron apoderarse de El Cairo, su objetivo, para terminar con el poder del sultán de Egipto, que controlaba los Santos Lugares.

6ª Cruzada (1228). Federico II de Alemania llevó sus ejércitos hasta San Juan de Acre y pactó con el sultán el-Kamil para obtener Jerusalén, Belén y Nazareth.

7ª Cruzada (1248-1254). Luis IX de Francia intentó conquistar Egipto, fue hecho prisionero y liberado tras el pago de un importante rescate.

8ª Cruzada (1270-1272). Dirigida por Luis IX de Francia y Eduardo de Inglaterra. Luis IX, San Luis, murió víctima de la peste ante los muros de Túnez. En 1291 los musulmanes reconquistaron San Juan de Acre, último reducto cristiano en Oriente.

jueves, 7 de febrero de 2013

Origen de las Universidades

Las Universidades surgieron en la Europa del siglo XIII como asociaciones (universitas) de profesores y estudiantes. Las universidades tuvieron un carácter religioso: aunque no todos los profesores eran eclesiásticos, los universitarios tenían la consideración de clérigos y dependían de Roma.

Las principales universidades de esta época eran Oxford y Cambridge en Inglaterra, París en Francia, Bolonia en Italia y Salamaca en España.

Universidad de Cambridge.
Cada universidad tenía su propio estatuto, que garantizaba su autonomía. Estaban integradas por cuatro facultades: Arte, Derecho, Medicina y Teología. La enseñanza se impartía en latín y los universitarios vivían en colegios.

El método de estudio universitario fue la Escolástica, basado en las siguiente fases: lectio o lectura comentada del texto; quaestio o planteamiento del problema tratado en el texto; disputatio o discusión del problema; determinatio o conclusión.

La figura más importante del saber escolástico fue Santo Tomás de Aquino con su Summa Theologica, que supuso una síntesis perfecta entre el pensamiento aristotélico y la doctrina de la Iglesia. Otros pensadores escolásticos fueron el dominico Alberto Magno y los franciscanos Duns Scoto y San Buenaventura.

La universidad en la Edad Media.
A comienzos del siglo XV (el Quattrocento italiano) empieza a difundirse, a partir de Italia, un movimiento de recuperación de la antigüedad clásica, que anuncia el Renacimiento.

Análisis de "El David" de Miguel Ángel

El David es la obra en la que se exhibe de manera más clara el genio escultórico de Miguel Ángel.

El David, de Miguel Ángel.
La escultura fue comenzada cuando el artista tenía 26 años; es por tanto una obra juvenil. Tras una estancia de cinco años en Roma, donde ha esculpido su maravillosa Pietá del Vaticano, Miguel Ángel retorna a Florencia y esculpe, entre otras obras, su Virgen con el Niño de Brujas, dos relieves en forma de tondo con el mismo tema, un David de bronce, perdido, y el gigantesco que la República florentina le solicita.

El primer problema que le plantea el encargo es el tamaño. El escultor se inclinaba hacia las figuras colosales, con mayor motivo en este caso, una estatua que se desea símbolo de una ciudad y que ha de situarse en un pedestal en sitio público, requería un bloque de mármol de proporciones enormes. En esta ocasión disponía de un magnífico bloque de mármol que se encontraba en el patio de obras de la catedral desde hacía cuarenta años cuando el gremio de tejedores la lana había encargado una estatua del profeta, que un escultor no había sido capa de cumplir.

Miguel Ángel se siente inspirado ante aquel bloque interminable, pero su forma alargada y estrecha le obliga a hacer una obra casi plana, en la que no puede permitirse ninguna contorsión. En comparación con la riqueza de planos del Moisés, que labra muchos años después, el David está concebido como la figura de un relieve. La sabiduría del escultor radica en haber sabido concentrar en una figura sin formas centrífugas  de miembros que se contienen en torno al tronco, toda la tensión dinámica de un cuerpo vigoroso. Sólo mirándolo de flanco se perciben las dificultades que el artista tuvo que vencer, al verse obligado, ante el sutil espesor del bloque, a desarrollar una visión frontal.

El enorme atleta desnudo rompe además con la iconografía tradicional, en la que se representaba a David como una figura pequeña, con frecuencia todavía adolescente. No puede entenderse esta obra si se prescinde de los que significa la estatuaria griega, los atletas de Policleto y Lisipo especialmente, aunque este canto insuperable a la belleza corporal tenga raíces más diversas; probablemente acierta Papini cuando escribe que Miguel Ángel fue la reencarnación de Fidias.

Los rasgos del arte miguelangelesco son fácilmente perceptibles, pero la angostura del bloque ha obligado a concentrarlos de una manera peculiar. En primer lugar la terribilitá, el carácter terrible, amenazador, de sus gigantes que adoptan gestos dramáticos. La figura de casi cuatro metros y medio de altura está en tensión, la pierna derecha en que se apoya, el pie izquierdo que se aleja, la mano con la honda, el codo doblado, el cuello que gira... ni un solo miembro se encuentra distendido o estático; no obstante se rompe cualquier sensación simétrica (equilibradora) con una mayor tensión del brazo y pierna izquierda. El movimiento contenido, centrípeto, con líneas de fuerza que retornan hacia el bloque, a diferencia del movimiento centrífugo del Barroco, es evidente sobre todo en las manos, una casi unida al hombre, otra apoyada en el muslo. El detalle de la cabeza nos permite percibir la pasión el rostros, con su intensa sensación de vid interior  de figura que respira, casi jadeante, a la expectativa de u acontecimiento culminante. Es la misma expresión fuerte, patética, del Moisés, del Esclavo, del Pensieroso...

Busto del David, de Miguel Ángel.
En otro sentido la perfección anatómica de los miembros retrata uno de los modelos ideales del cuerpo humano. Pero Miguel Ángel no reduce la anatomía a un sistema armónico de formas; un tratadista del siglo XIX, Cicognara, pone de de relieve que conocidas las formas orgánicas de la construcción de los cuerpos y el mecanismo de sus movimientos, y ponderadas las leyes de la óptica y la perspectiva, el genio florentino rompe los cánones y busca las formas ardorosas. En efecto, en diferentes momentos se antepone la forma expresiva a ala correcta; así resulta excesivamente grande, pero muy poderosa, la mano apoyada en el muslo.

Finalmente la musculatura en tensión, los tendones vibrantes, las venas y el rizado de la superficie, que dan la sensación de la vida bullente, circulando por la piel de la escultura, adquieren una suprema realidad. Aunque el futurista Umberto Boccioni escribió que "en Miguel Ángel, el cuerpo es casi arquitectura", lo cierto es que el escultor parece preferir la vida a la arquitectura y subraya fuertemente músculos y arterias bajo la piel, con un delicadísimo modelado en el que el mármol se riza y transparente los huesos y adquiere una apariencia blanda y flexible. Nunca se había tratado con tal eficacia una materia  dura y geométrica.

Se ha considerado el David como un símbolo de la libertad, al menos eso deseaban los regidores florentinos que le encargaron la obra. Algún tratadista ha considerado que representa la fortaleza, en el cuerpo robusto, y la ira, en el rostro apasionado. Todas la interpretaciones son válidas, porque en definitiva todas confluyen en reconocer en el maravilloso bloque de mármol de Carrara un paradigma del hombre renacentista, de la belleza de la anatomía humana y de los sentimientos de pasión y piedad que se pueden esconder bajo un gesto terrible.

Fuente

miércoles, 6 de febrero de 2013

Las huellas de Roma en Extremadura

Emérita Augusta -Mérida-, como ya se ha indicado, fue capital de la provincia de Lusitania y llegó a ser la principal ciudad romana de ala Península Ibérica. Enlazaba, a través de las vías romanas que confluían en ella -la de la Plata, la Emérita Caesar Augusta, y otras secundarias-, las zonas mineras, agrícolas y ganaderas del interior y permitía el control político y administrativo de la amplia región del oeste peninsular.

Fue construida a orillas del río Annas -Guadiana- en el año 25 a.C., durante el gobierno Octavio Augusto para instalar en ella soldados veteranos de la guerra contra los cántabros. Tuvo un rápido proceso de romanización y en su mejor época se aproximó a los 50.000 habitantes. Hoy se pueden ver en Mérida restos bien conservados de la antigua ciudad romana, como el magnífico Teatro Romano de Mérida.

Otros monumentos romanos importantes de Mérida son el puente romano sobre el Guadiana, que tiene 60 arcos y 792 metros de largo, el foro, el templo de Diana, los restos de murallas y otros muchos que están repartidos por la ciudad.

Puente romano de Mérida.
Todos ellos demuestran que efectivamente en la época imperial hubo un empeño real desde Roma por convertir las provincias en ciudades plenamente romanizadas.

Otras huellas de la civilización romana en Extremadura se encuentran en la población de Capera -Cáparra-, en las cercanías de Oliva de Plasencia, por donde pasaba la Vía de la Plata. Se conservan restos de sus murallas romanas y sobre todo su arco cuadrifronte -de cuatro arcos-, monumento romano singular único en España. Augustóbriga -Talavera la Vieja- fue una villa romana situada a orillas del río Tajo y en la vía de Emérita Caesar Augusta. De esta villa se conservan varias columnas de un templo a Diana. El bello puente de Alcántara -Cáceres- sobre el Tajo, de la vía que ponía en comunicación Emérita Augusta y Coimbra, fue terminado en año 106 y consta de seis arcos desiguales. Desde otro punto de vista, la Lusitania vivió un fuerte incremento de la actividad económica paralelo al proceso de romanización. Sus ejes económicos fueron sobre todo la agricultura y la ganadería. Aparte de los lusitanos originarios que cultivaban sus parcelas  muchos veteranos romanos se instalaron en aquellas tierras tras recibir extensos lotes de terrenos para su cultivo. La ganadería, por su parte, se centraba sobre todo en el ganado porcino, el ovino y el caballar.

Arco cuadrifronte de Cáparra.
Otros campos económicos desarrollados durante este periodo histórico aprovecharon las posibilidades  de las vías de comunicación. Se extraía oro del río Tajo y plomo y plata de los yacimientos mineros de Sierra Morena. Durante el dominio romano, que duró casi 700 años, se explotaron los enormes recursos económicos de la Lusitania y de las otras provincias romanas, primero a través del sistema esclavista y después, cuando este entró en crisis, por medio de los colonos de las villas, en régimen de colonato, que ya anunciaba el sistema feudal del mundo medieval.

La Extremadura musulmana

Los musulmanes penetraron en la Península a principios del siglo VIII siguiendo la ruta de las calzadas romanas, razón por la cual los territorios actuales de Extremadura fueron rápidamente dominados, aunque hubo resistencia en algunos lugares como Mérida.

En Extremadura se asentaron fundamentalmente bereberes, sobre todo en las laderas de las sierras, que ofrecían condiciones semejantes a las de sus lugares de origen. Este pueblo favoreció una economía ganadera basada en la oveja  que influiría considerablemente en el futuro de la región extremeña. La situación fronteriza con los reinos cristianos determinó sus sistema productivo al acentuar la actividad ganadera, más fácil de defender que la agrícola.

También las ciudades de la región vivieron un renacimiento derivado de la forma de vida musulmana, que estimuló la artesanía y el comercio; además, en ellas vivían los nuevos terratenientes que recibían las rentas de sus colonos, fruto de una agricultura intensiva de regadío.

Pese a todo, Extremadura tuvo una posición marginal dentro del sistema económico musulmán, por lo que solo Mérida, en proceso de decadencia, puede considerarse propiamente con una ciudad, pues contaba con unos 15.000 habitantes.

A partir de la segunda mitad del siglo IX, Badajoz adquirirá de forma progresiva mayor importancia como centro regional y desplazará definitivamente a Mérida, al convertirse aquella en capital del reino aftasí en el siglo XI, periodo en el que llegó a tener 25.000.

Murallas de la ciudad de Badajoz, de origen musulmán.
En tiempos del califato de Córdoba, Extremadura constituía una de las tres marcas que formaban la frontera inferior del al-Ándalus, con centro en Mérida, y, por tanto, con cierta lejanía del poder central, hecho que se traduciría en continuas sublevaciones. Este proceso culminó con la creación, por parte de Ibnal-Aftas, del reino taifa aftásida de Badajoz, en el año 1022, el cual sucumbió ante el avance cristiano que tomó la ciudad en 1095.

Evolución del ordenamiento constitucional español en el siglo XIX

Una de las claves de la historia del siglo XIX en España, más concretamente en el segundo tercio de este siglo, fue la búsqueda, bastante infructuosa, de una ley fundamental que reconociera los derechos de los ciudadanos y organizase sus instituciones de gobierno. De esta forma, a lo largo del siglo se elaboraron varias constituciones, diversas reformas de estas últimas y algunos proyectos frustrados, lo que constituye una muestra de la debilidad del sistema y de la escasa representatividad de la fuerzas políticas, que redactaban los textos legales en un marco de intereses particulares y de ausencia de representatividad social.


Estatuto Real de 1834

Redactada durante el periodo de transición de las estructuras políticas del Antiguo Régimen a las propias del Estado liberal, en un contexto de gran tensión, marcado por el conflicto civil, no se puede considerar como una constitución, sino, más bien, como una carta otorgada, del tipo que Luis XVIII concedió a los franceses. Su objetivo era regular legalmente el procedimiento de convocatoria de las Cortes, que estaban a medio camino entre órgano consultivo -a la manera tradicional- y legislativo. Su articulado se centró en la formación y funcionamiento de las mismas:

  • La soberanía era compartida por las Cortes y el rey. El control de las Cortes, que no constituían una auténtica representación nacional, quedaba en manos del Rey y su función se limitaba a la aprobación de los impuestos. También podían hacer peticiones y votar enmiendas o rechazar las propuestas del gobierno.
  • Se optó por un sistema bicameral: el estamento de próceres reunía a los aristócratas del país con las altas categorías de la nobleza, la Iglesia y la administración. Todos ellos debían ser propietarios de grandes rentas y su nombramiento correspondía a la Reina. Es estamento de procuradores era una cámara elegido por sufragio censitario -en torno al 0,15% de la población-, y las dos Cámaras eran convocadas, suspendidas o disueltas por el Rey.

Estatuto Real de 1834.


La Constitución de 1837

Esta carta constitucional se elaboró en el contexto social de la "Sargentada de la Granja", el pronunciamiento militar que obligó a María Cristina a promulgar de nuevo la constitución de 1812. Sin embargo, pronto se comprobó la necesidad de adecuar el antiguo texto a las nuevas necesidades, y de convertirlo realmente en uno nuevo, acorde con los tiempos y la situación particular de la España de aquel momento. Su redacción se basó en principios flexibles y de consenso entre los dos sectores del liberalismo: por una parte, los progresistas, defensores de la constitución de 1812 y, por otra, los moderados, del estatuto Real.

Por este motivo, se mantenían la declaración de la soberanía nacional y de derechos, y la división de poderes recogidos en la de Cádiz, pero se introducían los rasgos moderados del bicameralismo y se le otorgaban grandes poderes a a Corona. La importancia del texto constitucional de 1837, por tanto, se debe a que con él se consolida definitivamente el régimen liberal en España.

Sus bases, organizadas en 77 artículos, eran:

  • La soberanía conjunta de las Cortes con el Rey, a pesar de que en su preámbulo se manifestase la soberanía nacional, de talante más progresista. El Rey convocaba, disolvía o suspendía las Cortes e, incluso, disfrutaba del derecho a veto.
  • La división de poderes. El legislativo residía en las Cortes bicamerales, con un Congreso formado por los representantes elegidos por sufragio censitario y directo, y un Senado nombrado por el Rey a propuesta de los electores. El poder ejecutivo residía en el Rey, que nombraba el gobierno. Este necesitaba la doble confianza de las Cortes y del propio monarca. En cuanto al poder judicial se postulaba expresamente su independencia respecto a los otros dos poderes institucionales.
  • Afirmación de derechos individuales, como el de asociación o el de imprenta, con condiciones.
  • En cuanto a la Iglesia, el Estado tenía la obligación de mantener económicamente el culto y a los sacerdotes, ya que esta institución había perdido la mayor parte de sus bienes. El texto respira cierta tolerancia, porque si bien se afirma que la religión católica es la profesada por los españoles, no se prohíben otros cultos.

Jura de la Constitución de 1837.


La Constitución de 1845

En el momento de ser promulgada, se presentó como una simple reforma de la de 1837, ya que, incluso en su parte primera, compartía con esta la declaración de derecho, aunque las separaba una importante diferencia: no los desarrollaba y remitía su concreción a una legislación posterior, en la que se limitaron.

Precisamente, este distinto sentido político la convirtió en una constitución diferente, adaptada a la finalidad para la que fue elaborada: contribuir a la construcción de un régimen político moderado que asegurase el dominio político y social de la oligarquía.

Organizada en 80 artículos, sus principales características son:

  • Rechaza la soberanía nacional y establece la soberanía compartida entre las Cortes y la Reina, cuya figura resulta muy fortalecida, y niega, además de la soberanía nacional  el poder constituyente del pueblo, optando decididamente por la solución doctrinaria o conservadora. Se puede considerar el aumento del poder de la Corona como su reforma política más importante, ya que supone el incremente de sus competencias y la restricción de las de las cámaras legislativas.
  • Organiza el poder legislativo en dos cámaras, un Congreso, elegido por sufragio censitario, y un Senado, nombrado directamente por el rey.
  • No reconoce la independencia del poder judicial y limita las garantías de autonomía de los tribunales.
  • Establece la confesionalidad y la unidad religiosa del Estado, como consecuencia de lo cual se firma el Concordato de 1851 con la Santa Sede.

Constitución de 1845.


La Constitución de 1856

A pesar de que fue aprobada por las Cortes durante el Bienio Progresista, nunca vio la luz. Fue el fruto del corto paréntesis de gobierno progresista en los más de veinte años de poder de los moderados. Puede considerarse como el texto que mejor refleja el ideario de los progresistas, tanto en su articulado como en el debate que suscitó su elaboración. En las Cortes se discutieron planteamientos novedosos y democráticos, muchos de ellos no aceptados, como la libertad religiosa, el sufragio universal, la posibilidad de sustituir la monarquía por la república, los derechos sociales,... el texto resultante siguió las directrices de la constitución de 1837, pero se diferencia de esta en que ampliaba la declaración de derechos políticos -igualdad de los ciudadanos ante las leyes, los impuestos, el servicio militar,...-, limitaba el poder de la Corona y restringía la autoridad del Rey. Además, entre sus principios destacaron:

  • Reconocimiento de la soberanía nacional y de los derechos individuales.
  • Admisión de la separación de poderes y reconocimiento del Senado como un órgano electivo y autónomo.
  • Amplio reconocimiento de la independencia de los tribunales y de los jueces. 
  • Restablecimiento de la milicia nacional.
  • Sostenimiento del culto y del clero a cargo del Estado. Consagraba la tolerancia religiosa, en tanto que se garantizaba el respeto hacia otras opiniones o creencias, siempre que estas no se manifestasen públicamente en contra de la religión católica.
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