domingo, 18 de noviembre de 2012

Las Legiones Romanas

La conquista, la defensa y el mantenimiento del vasto Imperio romano no hubieran sido posibles sin un sistema militar muy desarrollado. La vida militar estaba en Roma íntimamente ligada a la vida política; la condición de ciudadano exigía el cumplimiento del servicio militar y, a la inversa, sólo los ciudadanos podían ser soldados. El ejército jugó un papel fundamental en el proceso de romanización: los soldados fueron los vehículos de las nuevas costumbres y de la nueva lengua, el latín.

En la época monárquica y en los primeros tiempos de la República sólo podían servir al ejército los ciudadanos ricos, ya que cada uno debía pagarse su equipo. El ejército fue reformado y a partir de Mario los plebeyos tuvieron acceso al ejército, aunque siguieron manteniéndose diferencias, según las fortunas personales: los más ricos servían en la la caballería y los menos ricos en la infantería. Podían ser movilizados todos los ciudadanos comprendidos entre los 17 y los 46 años y se les podía mantener en activo hasta que hubieran cumplido 10 campañas en caballería y 20 en infantería. Al término del servicio de las armas los soldados recibían tierras del Estado. Mientras estaban en activo percibían un salario y participaban en el botín de guerra.

La legión era la unidad mayor del ejército; estaba formada por 10 cohortes, 30 manípulos y 60 centurias. Su bandera era el águila y como armas defensivas usaban a coraza, el escudo y el casco; como armas ofensivas, el venablo, la espada de doble filo, la lanza y complicadas torres de asalto sobre ruedas.

Cada legión tenía 6.000 soldados y el número de legiones en activo dependía de las necesidades bélicas. Tras la victoria de Actium, augusto contaba con un ejército de 230.000 hombres. Augusto redujo las tropas a la mitad y durante todo el Imperio, las legiones se utilizaron casi exclusivamente para la protección de las fronteras, del limes.

Soldados de las Legiones Romanas

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